martes, 3 de agosto de 2010

Crisálida pide que se implementen normas de trato social para Trans.

Crisálida pide que se implementen normas de trato social en dependencias académicas de la Universidad Nacional de Tucumán para garantizar el respeto a las expresiones e identidades de género trans.

El pedido también se hizo ante el Sistema Provincial de Salud (SIPROSA) y el Concejo Deliberante de la ciudad de San Miguel de Tucumán.

La ONG Crisálida pidió a las autoridades de las facultades de la Universidad Nacional de Tucumán que implemente en sus dependencias academicas y administrativas normas de trato social para garantizar el debido respeto a las expresiones e identidades de género trans. Del mismo modo, reforzó la propuesta que presentará el pasado 4 de mayo del cte, reiterando este pedido al Rector de esa casa de altos estudios.

Este pedido busca que alumnos o alumnas, o personal docente o no docente que integra la Universidad Nacional de Tucumán, en el marco de su vida diaria, sea nombrado/a en por ejemplo, padrones electorales, citaciones, circulares, memorandos, registros, listados, notas, actas, pre-actas, constancias de asistencia, partes, entre otros, respetando su identidad o expresión de género. Y fundamenta que en la actualidad el nombre con que figura en registros sólo considera para identificar a su DNI, sin tomar en cuenta la identidad personal construida por esta persona. Esto puede importar una violación implícita al respeto que merece su derecho a la identidad de género, pudiendo ello mismo llegar a constituir un hecho discriminatorio al ignorar por completo su proyecto de vida personal, fundado este hecho en una identificación que, para esta persona, le es ajena.

El pedido de aplicación de normas de trato social surge a continuación de la presentación de amparos que hiciera el área jurídica de Crisálida, Crisálida JUS; para que Claudinna Leguizamón y Emilia Rodríguez accedan a una identificación respetando su identidad.

“La Universidad Nacional de Tucumán debe garantizar el respeto a la identidad de género, dignidad e integridad de todas las personas. Consideramos que es necesario garantizar en el ámbito académico y administrativo de esta Alta Casa de Estudios, el cumplimiento real y efectivo de los derechos humanos que nuestra Constitución Nacional consagra a través de la incorporación de Tratados Internacionales que contemplan los derechos personalísimos y el derecho a la intimidad (Art. 75 inc. 22 C.N)” enuncia la presentación.

En la actualidad, las facultades de Medicina, Filosofía y Letras, Psicología y Artes cuentan entre sus alumnos y alumnas a personas con identidades o expresiones de género trans. “Está comprobado que el respeto al derecho de identidad sexual y de género propicia la salud y la integridad psicofísica de las personas, fomentando también su mejor desempeño laboral y académico” manifiesta el pedido de aplicación, que contó con la participación de especialistas como el activista trans Blas.

El 20 de julio de 2010 la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA estableció que todas las dependencias académicas y administrativas bajo su incumbencia, en toda circunstancia y siempre que ello corresponda, deberán respetar la identidad de género adoptada o autopercibida de cualquier persona que estudie o trabaje en esa Unidad Académica.

Del mismo modo, pero con la incorporación de un pedido de atención medica integral que garantice el acceso a salud para personas trans, se presentó un pedido ante el Concejo Deliberante de la ciudad de San Miguel de Tucumán y el Sistema Provincial de Salud (SIPROSA) “La incidencia de las modificaciones corporales producidas por la inyección de silicona de uso quirúrgico e industrial, que ocasiona una tasa altísima de morbi-mortalidad trans. Esta tasa responde, por un lado, a las consecuencias inmediatas de la propia aplicación (por ejemplo, cuando la silicona ingresa accidentalmente en el flujo sanguíneo) o a las consecuencias de esa aplicación a largo plazo (por ejemplo, por el desplazamiento de la silicona, su infiltración en el tejido muscular, hepático, cardíaco, pulmonar y/o renal). “Es de suma importancia que el SIPROSA ordene dentro de su ámbito de acción que las personas trans sean tratadas socialmente conforme a su identidad autopercibida y proyecto de vida, ya que una persona que concurre a ser atendida a un hospital o CAPS, lo hace por una necesidad vital. Recordemos que las personas trans tienen necesidades médicas propias, y diferentes a las de otras personas, cómo ser un tratamiento hormonal para lograr la construcción de la imagen deseada. En tal sentido, es indispensable que dicho tratamiento se realice con supervisión médica adecuada, para evitar riesgos innecesarios a la salud de estas personas” expone la propuesta.

Crisálida es una ONG que trabaja derechos humanos con énfasis en la diversidad afectivo sexual y las expresiones e identidades de género. En la actualidad articula con la Federación Argentina LGBT dentro de la campaña para la aprobación de una ley, que posibilite un acceso a una identificación y registro acorde a la propia identidad y expresión de género trans. A tal fin, el miércoles 4 de agosto a las 18 hs en rivadavia 435 pondrá en marcha un conversatorio sobre cuestión trans y el domingo 8 de agosto a las 21 hs en Chacabuco 540 comenzará “Trans-gresión” un ciclo de cine debate.

Para más información:

areatrans@crisalida.org.ar
crisalidajus@crisalida.org.ar

sábado, 24 de julio de 2010

Teología y biopolítica.

Por Horacio González (*)

Las corrientes profundas de una sociedad no tienen por qué ser mayoritarias, se proponen ser intensas y visibles. Estos dos conceptos, visibilidad e intensidad, han cobrado vuelo en el lenguaje político contemporáneo. Hay una moral de las minorías activas que actúan con concentrado despliegue de identidades. Esto puede dar lugar a expresiones urbanas características: se llaman marchas de orgullo. Hace tiempo que han abandonado los ocultos bastidores. Puede decirse que ha culminado la sigilosa gesta que está en el centro de monumentos literarios como En busca del tiempo perdido, de Proust. Allí se consideraba la homosexualidad como una secta secreta, un arte del lenguaje que recorría calladamente la historia misma de la humanidad. En los grandes conglomerados humanos postindustriales, la visibilidad y el cambio de nombre de la “secta secreta” propone nuevos temas existenciales, estéticos y jurídicos. Otro nombre propio, movimiento gay, surgido hace varias décadas en California, permite ahora sacarlo de los contextos prejuiciosos que tenían las otras denominaciones, aunque con el tiempo se encontrarán palabras sin duda más apropiadas que este fantasioso vocablo.

Al hacerse visible la cuestión de las libertades en cuanto a la preferencia sexual, inevitablemente se desplazaría la cuestión a un deseo de ampliación en el régimen jurídico del matrimonio. Todo movimiento social, moral o intelectual largamente forjado en las trastiendas de la sociedad procura garantías últimas en el ordenamiento legal. Se torna lenguaje público a costa de no evitar, en el caso del matrimonio de personas de sexo semejante y en el de la homopaternidad, cierta paradoja muchas veces señalada. Es que la institución matrimonial, cuyas mutaciones notorias durante el siglo XX la convirtieron en una forma plástica que mal ocultaba sus propias miserias, se reforzaría ahora en su estructura tradicional, aunque por la vía de la admisión plena de nuevos componentes ajenos a su figura clásica. La característica paradojal de los nuevos movimientos de renovación de la sensibilidad amorosa occidental es la de transitar por capítulos que refuerzan formas en muchos casos ligadas al orden tradicional.

Sin embargo, suponen una dirección de la historia pública hacia una creciente secularización, esto es, un crecimiento de la autonomía y autocreación de la existencia. Esta inclinación fue resistida por la Iglesia desde tiempos muy remotos, pero siempre en medio de diversas dificultades. Siempre habrá una última secularización que los mandos de la Iglesia resistirán. Pero en el seno de la milenaria congregación siguen actuando conciencias religiosas contrapuestas, una de las cuales desea recrear la experiencia sagrada originaria, en medio de un dramático autoexamen que consiste en asociar dolor a pensamiento; y otra percibe el oficio sacerdotal como un control de las pulsiones, con la oscura satisfacción de ejercerlas en privado. Vista conceptualmente, la pedofilia es el motor activo de una dialéctica entre un mundo anímico convulsionado y la fundación de las instituciones disciplinarias de la fe, que garantizan un dolorido goce institucional, patética y oscuramente atractivo. El misticismo cristiano surge en verdad de ambas corrientes, aunque parezca más sincera la que emana de la conciencia amorosa metaforizada, es decir, la que habla estrictamente con el lenguaje de la sacralidad del sacrificio místico real para decir lo insondable del amor.

La conmovedora fábula de Dostoievski en Los hermanos Karamazov sobre el Gran Inquisidor revela bien la naturaleza del corazón partido de la Iglesia, entre sus arcaicos postulados experienciales y su burocrático ordenamiento institucional. El primero sigue conservando valor profético y este último depende de una ética paternalista, de una caridad que no siempre oculta su carácter inquisitorial sobre los pobres. El poder inquisitorial no necesariamente se resuelve con prácticas coercitivas, pues su dominación se basa en la administración de un sentimiento que en última instancia es recóndito y de naturaleza metafísica: lo sagrado como enigma. La infinita soledad que subyace en esta apertura del ser es contenida por instituciones que manejan símbolos interesantes pero congelados, y se presentan como una solución absolutoria y reconfortante para suturar la grieta inconsolada de las conciencias.

El papa Ratzinger es un intelectual conservador –a nuestro juicio menos que Bergoglio, y más ilustrado que éste– que se expresa en el lenguaje básico del racionalismo tradicionalista. En un antiguo diálogo con Jürgen Habermas, Ratzinger casi explica más convincentemente que el filósofo alemán el papel de “la luz de la razón”, a la que le ve significado divino, aunque se muestra comprensivo hacia la secularización occidental. En sus encíclicas, sobre todo en Spe salvi –“salvados en la esperanza”–, con citas a la “dialéctica negativa” de Adorno y al propio Dostoievski, y no sin un toque kierkegaardiano, Ratzinger critica implícitamente al Gran Inquisidor y habla el lenguaje de las “estructuras”, aunque para señalar que a éstas les falta una “plusvalía”, que sólo puede proporcionar la oración, en su trascendente complejidad.

Cierto que estas palabras (y las Encíclicas seguramente surgen de una compleja redacción colectiva, y en ésta han metido mano, quizá, clérigos con estudios actualizados de filosofía) no superaron luego la prueba que ofrece el accionar efectivo de la Iglesia en el mundo. Teología en sí misma conservadora, cuando se convierte en pronunciamientos sociales efectivos, puede revestirse con las peores leyendas de dominio y arbitrariedad persecutoria de las que no se han privado históricamente las jerarquías religiosas.

Así, consiguen ponerse a la par de las realidades eclesiásticas más biliosas y crasas del mundo, como lo hacen en la Argentina, que sin embargo contó con los ministerios estimables de un obispo como Angelelli y de sacerdotes como Carlos Mugica y Jorge Galli, cuyos recordados ejemplos se prologan en muchos curas que comienzan a hablar ahora un lenguaje libertario dentro de los legados de la fe. En cambio, el lenguaje de las tinieblas que emplea Bergoglio, jefe político flamígero y mohoso, gesticulante desencajado, progresivamente fue agregando un modo demonológico a su probada oratoria, que antes supo ser demagógicamente melosa y exhibe ya la forma más disminuida de las prácticas pastorales en el país. Se percibe hasta qué punto llega al corazón más oscuro de una biopolítica, aunque parezca que trata cuestiones teológicas.

Esgrimimos este conocido concepto de la filosofía política francesa de la última mitad del siglo XX –biopolítica–, para significar que se despliegan en el mundo vastos procesos de control de la vida, a través de tecnologías médicas masivas, cartillas de organización de los intercambios vitales y mecanismos de vigilancia poblacionales. Es que las luchas sociales y políticas argentinas son cada vez más “biopolíticas”, entendiendo este concepto como una crítica a los lenguajes políticos dominantes, que no perciben el modo en que las luchas anteriores y las del inmediato presente se están diferenciando. En efecto, las encrucijadas políticas ya vividas, en torno de las retenciones agropecuarias o la ley de medios, se caracterizan por ser conflictos clásicos, entre una visión de la competencia del Estado para promover intereses colectivos y la percepción privada de rentas financieras extraordinarias o rentas simbólico-mediáticas monopolizadas sobre el fondo del lenguaje social común.

En cambio, el matrimonio entre personas de igual sexo y, aunque parezca caprichoso, el conflicto en torno de la explotación minera a cielo abierto son diferendos nuevos que hacen a la cuestión biopolítica, ya que este término fue empleado. Los reclamos en cuanto a una minería responsable apuntan estrictamente a la cuestión de la organización de la vida, con sus componentes productivos y de preservación de las fuentes naturales del hogar humano. La movilización por el matrimonio con un nuevo cuño subjetivo y parental, como en el caso anterior, invita a nuevas hipótesis de relación entre los legados naturales biologizados y las formas contractuales históricas que cíclicamente se ponen en debate. En ambos casos, en el debate sobre la estructura matrimonial o la estructura de la relación económica con las fuentes naturales cuya existencia y sentido están a la escala de la humanidad en su conjunto, se desea –aunque son minorías activas los que reclamen– que la vida se exprese con nuevos puntos de equilibrio entre la naturaleza y la historia, la economía empresarial en gran escala y la economía justa, la forma familiar cerrada y las redes familiares abiertas, la razón biológica y la razón cultural, los derechos particulares y los derechos culturales, el pensamiento científico y el pensamiento mito-poético.

El país se encuentra en estos grandes debates cuya resolución adecuada hará crecer la nueva imaginación democrática. También sobre “los pobres”, o “los esclavos modernos”, se cierne el debate de conceptos emancipadores o biopolíticos. La misa de Bergoglio en la Estación Constitución –nada menos– llama la atención sobre realidades sociales inadmisibles, pero las expone con la marca de la demonología. Pensar demonológicamente es pensar sin subjetividad operante, reemplazando la alegría de la reflexión por el escándalo oportunista. Pensar demonológicamente es pensar sin lograr aprehender el objeto interno de las pasiones, sin diferenciar crítica de venganza, sin diferenciar protección social de libertad, sin ver lo que le debe la teología a la historia y lo que ésta puede reclamar en términos de pensar la sed de lo sagrado que habita en todo ser.

(*) Sociólogo, director de la Biblioteca Nacional.

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Publicado por Página 12 el 20 de Julio de 2010

martes, 20 de julio de 2010

La misa de desafío al obispo

Desafiando la prohibición del arzobispo cordobés, Nicolás Alessio dio misa en la calle anoche y la dará hoy otra vez. En pocas semanas piensa dejar la Iglesia que lo reprime.

Por Carlos Rodríguez

La parroquia San Cayetano iba a quedar chica. Por eso, desde temprano, la misa concelebrada con representantes del Grupo Curas Casados de la provincia fue organizada sobre la calle Río Paraná. Como le había adelantado a Página/12, el párroco Nicolás Alessio no sólo no pidió perdón ni se retractó de su adhesión militante a la campaña a favor del matrimonio igualitario, sino que ratificó sus dichos y dio la misa. Se la había prohibido el arzobispo de Córdoba, Carlos José Ñañez, como sanción.

Anoche, con “Honrar la vida” en la voz de Mercedes Sosa como fondo, el cura Alessio, vestido de “particular”, con gorro de lana y poncho rojo con vivos negros, dijo que con la sanción de la nueva ley que posibilita el matrimonio entre personas del mismo sexo “hay una patria distinta, inclusiva, diversa y plural”. A la tarde, Alessio había bautizado a un niño –desafiando otra prohibición– y hoy volverá a reunirse con sus fieles, en otra de sus habituales misas del fin de semana. Sabe que lo que está haciendo “va a tener un costo grande y como yo no quiero llevar a mi comunidad a un conflicto sangriento, lo más probable es que me vaya (de la Iglesia) el 7 de agosto”, día del santo patrono del trabajo, que le da nombre a la parroquia.

Con un frío que rozaba los límites del bajo cero, unos quinientos fieles seguidores del cura Alessio lo apoyaron y vivaron durante la misa, que tuvo el tono de una fiesta en la que no faltaron las ironías. Alessio, que dijo ser “amigo personal” de Ñañez, leyó en forma textual el comunicado de la Curia que le prohibió dar misa y hacer casamientos. Puso énfasis, sobre todo, en el párrafo en el cual se sostiene que la sanción contra él obedece a que “últimamente efectuó y continúa efectuando declaraciones públicas en diversos medios de comunicación, a favor del presunto matrimonio entre personas del mismo sexo”.

En la misa, Alessio insistió en que no habría de “enmendarse ni rectificarse” como le exigía su obispo. El que debía rectificarse, opinó, era el propio Ñañez, dado que “lo que él llama presunto matrimonio, ya no es presunto, es matrimonio. Ya son matrimonio, no hay nada que sea presunto”. Sus palabras fueron seguidas por aplausos –y algunas risas–, de parte de una concurrencia heterogénea, que agrupaba a feligreses habituales de todas las edades, a militantes de organizaciones sociales, partidos políticos y a la Multisectorial que agrupa a gays y lesbianas de Córdoba, a representantes de organizaciones feministas.

Algunos de los presentes admitieron que no estaban de acuerdo con la posición del cura Alessio respecto del matrimonio gay. Pero, como explicó Juana, de 24 años, “estamos aquí porque es nuestro padre espiritual, nuestro amigo, nuestro compañero y una persona a la que todos apreciamos, a pesar de las diferencias y desde las diferencias”. Juana reconoció que no suele ir a la iglesia, aunque a veces se mezcla con los religiosos que acompañan a Alessio “porque tienen algo, un ángel, que hace bien”.

La misa se escuchó por un poderoso equipo de sonido instalado sobre la vereda de la parroquia San Cayetano en el barrio Altamira, cercano al popular barrio San Vicente, de la ciudad de Córdoba. “Vamos por la libertad”, cantaba Teresa Parodi. Las letras de las canciones parecían tener el carácter de editoriales que acompañaron a los distintos oradores. “Banderas de libertad, volvemos a soñar”, repetía el estribillo de otra de Víctor Heredia. Y otra vez Teresa Parodi: “Canta compañero, no te quedes sin el fuego”. En varios momentos, jóvenes y viejos se movieron al compás de la música, que se unió sin complejos al rezo tradicional.

Sobre una de las paredes exteriores del templo, un cartel improvisado a mano, decía: “Ay, Dios nuestro, perdónales. No saben lo que hacen”. Sobre la cabeza de los oradores, en lo alto de la capilla, un mensaje decía: “Celebramos al Jesús liberador”. Uno de los primeros en hablar fue Adrián (así se presentó), del grupo Curas Casados. Adrián, que ya no forma parte de la Iglesia Católica, dice que ellos, junto con el Grupo de Sacerdotes Angelelli, al que pertenece Alessio, están transitando “por el camino del pueblo colectivo, plural”, al que definió como “un camino donde no cobran peaje”. Terminó su intervención con dos consignas: “No nos van a quitar el sueño” y “Arriba la pluralidad”.

Néstor, otro “cura casado”, recordó que hace quince años tuvo que dejar los hábitos por haberse enamorado de una mujer. “No nos permitieron seguir ejerciendo nuestro ministerio, aunque nosotros seguíamos teniendo intacta nuestra fe en Dios y nuestra convicción de religiosos.” Néstor habló sobre la persecución que sufrieron los que rompieron con el celibato: “No nos dejaron vivir en nuestro lugar, que era la iglesia. Los que habían sido nuestros compañeros, se apartaban de nosotros”.

Después habló Pepe Ferrari, otro cura casado que hoy vive en Santa Fe con su mujer y sus hijos. “Yo tomé esta decisión hace más de dos décadas y ahora he vuelto a dar una misa, porque Nicolás (por Alessio) me invitó a participar.” La misa se hizo bajo la invocación de San Cayetano, el santo patrono, y del obispo Enrique Angelelli, de quien se leyó un texto en el cual fundamentaba su decisión de adherir a los religiosos que dieron, hasta su vida, por lo que llamaron “la opción por los pobres”.

Alessio cerró reiterando su oposición a someterse al juicio canónico que puso en marcha la Curia local. “Ir a juicio es como bajar al infierno”, pero su tono, lejos de resultar dramático, despertó risas. Calificó al proceso de “antievangélico”. Los abrazos fueron interminables. Antes, a solas con Página/12, Alessio dijo que le dieron “veinte días (de plazo) para nombrar un abogado defensor” pero aclaró que se resiste a seguir los pasos que marca el derecho canónico. “No creo en la burocracia ni en los papeles. No voy a acatar la orden de no dar misa ni de realizar casamientos. No me voy a retractar.” Su postura es ésa, al tiempo que admite que sus días en la Iglesia están contados. “Mis amigos me piden que me quede hasta fin de año, pero lo más lógico es que me vaya después del 7 de agosto, porque para San Cayetano vienen todos los años entre seis y siete mil personas, y a ellos no les puedo fallar."

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Publicado por Página 12 el 18 de Julio de 2010