martes, 30 de octubre de 2007

El matrimonio LGTB

Lic. Gustavo Diaz Fernández

El proyecto de ley, como era lógico que sucediera, tiene adversarios/as encarnizados/as. Pero todas las encuestas son innegables: una amplia mayoría, especialmente el margen de jóvenes, aprueban el llamado matrimonio gay, y, aunque esta aprobación disminuye algo en las adopciones de niños/as por las parejas LGTB, también este aspecto de la ley es aprobada por una mayoría. Esto es un buen indicio.
Holanda, Bélgica y España son los países en el mundo que legalizaron el matrimonio entre personas del mismo sexo, con todos los deberes y derechos incluidos (por ejemplo, entre ellos el de poder adoptar niños/as).
Esta medida reconoce el derecho de las personas a elegir su opción sexual como manifestación soberana, y que lejos de ser discriminados o retaceados por esto, puedan ejercitar el mismo derecho de unirse e instituir una familia y en el caso de quererlo, tener descendencia.
Un modo concreto de igualar los mismos derechos que las leyes reconocen a las parejas heterosexuales. Un gran avance, además, hacia la irreversible aceptación de la diversidad sexual, usualmente llamada homosexualidad, como una manifestación perfectamente natural y legítima de la diversidad humana.
Entre los argumentos en contra del matrimonio LGTB, -que no resisten el menor análisis racional por supuesto-, mencionaré al que presenta al matrimonio gay como un atentado contra la familia. ¿Será que este proyecto de ley impedirá a las parejas heterosexuales seguir casándose y teniendo hijos/as? ¿Hasta cuando seguiremos pensándola como un tipo tan alejado de las familias que hoy en día existen?
Al contrario, sabemos que en la sociedad occidental actual, la familia entró en crisis y dejó esa idea de una familia tipo, para dar lugar a varios tipos de familia.
La crisis se manifestó en el aumento del número de divorcios, las familias con una sola madre sostén de hogar o un solo padre, u otro familiar al frente del hogar como tíos/as, abuelos/as. Además que, año a año crece la cantidad de parejas heterosexuales “de hecho” que no quieren saber nada con pasar por el registro civil y menos por el altar.
Es que estos planteos contrarios, son argumentos basados más en prejuicios que en razones. Prejuicios alimentados en los oscurantismos dogmáticos y la ignorancia, que han ubicado a la diversidad sexual como sinónimo de anormal. Sin embargo, por mencionar algunas, la psicología, la biología, la antropología y por sobre todo la historia; han demostrado cuan resbaladizo y perturbado es denotar conceptos de anormalidad en la potestad de la orientación, identidad o elección sexual de los seres humanos.
El reconocer a las parejas LGTB el derecho al matrimonio y adoptar niños/as, es blanquear esta nueva vitalidad de la familia como una institución. La familia, percibida como una concreción de un proyecto conjunto de vida; despierta muchas ilusiones y expectativas en las parejas LGTB; recordemos que esta ley busca materializar las ilusiones y los deseos de asumir responsabilidades.
Las personas LGTB a lo largo de la historia hemos sido objeto de persecuciones y marginaciones de todo orden. Aún hoy subsisten en muchas personas LGTB el permanente temor al descrédito, al escándalo, los prejuicios y mitos-falacias, lo cual se traduce en formas de vida clandestinas.
Este proyecto de ley, matrimonio LGBT y la posibilidad de adopción, es un extraordinario avance en el campo de los derechos humanos y la cultura de la libertad.
Erradicando de una vez por todas la falta de atención legislativa hacia familias, tan válidas, sólidas y respetables como las tradicionales.


4 comentarios:

Sirena Olsen dijo...

Me gustó mucho tu artículo. Adhierto.

Muchacha porteña ¨B¨

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Sirena Olsen dijo...

Me gustó mucho tu artículo.

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Muchacha porteña ¨B¨

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Sirena Olsen dijo...

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Porteña ¨B¨

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Mariana Nofal dijo...

La falta de legalidad en las uniones gay ocasiona además dificultades para el acceso a la obra social de alguno de los miembros de la pareja, para el cobro de pensiones por fallecimiento y para la toma de decisiones médicas cuando uno de los integrantes está inhábil. Estos problemas (que son los mismos en las parejas hetero en concubinato), afectan la calidad de vida de las personas que componen la familia, que son formal e injustamente marginadas en actividades y beneficios sociales.