lunes, 17 de agosto de 2009

III CONGRESO DE CULTURAS ORIGINARIAS

“Córdoba recuperando su conciencia aborigen”

7, 8, 9 y 10 de octubre de 2009: Conferencias, Paneles, Talleres, Ponencias.

11 de octubre de 2009: Contrafestejo por el Día de la Raza , Acto- Marcha y Festival en el último día de Libertad de los Pueblos Originarios.
Lugar: CENTRO CULTURAL GENERAL PAZ.
Puntaje docente y cambio de actividad en trámite.

Participarán miembros de comunidades originarias Qom, Comechingon, Mapuche, Guaraní, Qolla, Wichi, Ranquel, Huarpes, entre otros.

Primera Circular informativa:

El III Congreso de Culturas Originarias, se presenta como un espacio donde confluyen distintos saberes sobre el mundo aborigen, conocimientos ancestrales de los diversos pueblos y conocimientos científicos, en un marco de respetuoso diálogo y construcción colectiva intercultural. Desde aquel I Congreso en el año 2005 hasta hoy, hemos avanzado notablemente en la consecución de nuestros objetivos como institución educativa, social y política; no obstante, este tercer encuentro es un nuevo desafío para continuar construyendo nuevas alternativas de participación ciudadana, fundadas en el respeto a la diversidad cultural. En los albores de los “festejos” por el Bicentenario, los invitamos a reflexionar y posicionarse respecto a la relación Estado-Pueblos Originarios.

Participación con ponencias:

Se convoca a la presentación de trabajos, basados en una tarea investigativa y/o de reflexión, en algunos de los siguientes ejes:

1) Derecho individual y Derecho Comunitario o Colectivo.
2) Educación ¿intercultural? ¿multicultural? ¿pluricultural?: rupturas en los modelos actuales.
3) Movimientos indígenas y campesinos: organización y luchas.
4) Patrimonio cultural, social y ambiental.
5) Territorialidad: urbanización e invisibilización originaria.
6) Tierra y Territorio en el pensamiento y en la vida del hombre originario.
7) Procesos de etnogénesis: el resurgimiento de identidades originarias.
8) Políticas públicas hacia los Pueblos Originarios, desde la conformación de los Estados Nacionales hasta la actualidad.

Los trabajos deberán enviarse por correo electrónico a: icacongreso@yahoo.com.ar

con el asunto: PONENCIA; deberán contener: Título del Trabajo, Eje en el que desea participar, Apellido y nombre de autor/es, Pertenencia institucional, Resumen, Desarrollo del trabajo y Bibliografía consultada. Sugerimos una extensión no mayor a 20 páginas (pueden incluir fotografías o gráficos).

La aceptación de las ponencias será evaluada por el comité organizador, velando por la pertinencia de la temática abordada.

El plazo de recepción de trabajos se extendió hasta el 15 de septiembre de 2009.

Inscripción y Aranceles: Las inscripciones se realizan en la sede del ICA, La Rioja 2115 de lunes a viernes de 18 a 21hs.

Asistentes: Expositores:

- Alumnos del ICA: $ 15 - Alumnos del ICA: $ 15

- Docentes del ICA: $ 20 - Docentes del ICA: $ 30

- Público en general: $ 40 - Público en general: $ 50



Organiza: INSTITUTO DE CULTURAS ABORIGENES
La Rioja 2115, Barrio Alberdi- Córdoba.
TE: 0351-4882790 (de 18hs a 22hs)
www.ica.org.ar
icacongreso@yahoo.com.ar
institutodeculturasaborigenes@yahoo.com.ar

miércoles, 12 de agosto de 2009

Adorno: el filósofo de la belleza

A cuarenta años de su muerte, las ideas del autor de la "Teoría estética" tienen una vigencia indiscutible. Esta nota se centra en el impacto de su obra filosófica, pero toca también aspectos personales. Además, un análisis sobre su teoría musical.

En una carta a su querido Walter Benjamin, en quien tuvo un aliado pese a todos los desacuerdos (o acaso gracias a ellos), Adorno confiesa, no sin orgullo: "De mi existencia empírica muy pocas cosas merecen señalarse; sí, en cambio, de la intelectual". En verdad, esta declaración podría aplicarse a toda su vida, ya se la considere segmentada en fases o como una continuidad. Pues al leer las diversas biografías de Theodor L. Wiesengrund Adorno, desde la inteligente y concisa de Hartmut Scheible –lamentablemente no traducida al español– hasta la monumental e indiscreta de Stefan Müller-Doohm, no se puede dejar de tener la sensación de que este controversial pensador careció de una existencia externa.En él, pareciera que la verdadera, la única trayectoria es el proceso intelectual, sin gran correlación directa con los problemáticos contextos en los que ocasionalmente se hallaba. ¡Ni siquiera el régimen nazi parece haberlo jaqueado!

Tras una cómoda etapa de formación que describe un triángulo con vértices en Frankfurt, Viena y Berlín, el ascenso y consolidación de Hitler lo llevan a Inglaterra, donde estudia en Oxford, y luego a los Estados Unidos, con estaciones en Nueva York y en Los Angeles, y todo eso sin problemas burocráticos, aun siendo medio judío y (neo)marxista. Seres queridos y colegas padecen y mueren, por causas naturales o a manos de los nazis; Adorno continúa investigando, enseñando, y sobre todo, escribiendo.

Ya concluida la guerra, no puede asistir a los sepelios de su padre, un comerciante de vinos a quien progresivamente fue borrando de su vida (al extremo de quitarse el apellido, Wiesengrund), ni de su amada madre. En 1948, a pedido de Thomas Mann, ofrece un breve autorretrato en el que define sus filiaciones: "Mi padre era un judío alemán; mi madre, cantante, es hija de un oficial francés de origen corso –originariamente genovés– y de una cantante alemana. He crecido en una atmósfera dominada completamente por intereses teóricos (también políticos) y artísticos, sobre todo musicales". La templanza de Gretel Karplus, su esposa desde 1937 (se habían casado en Londres, con Max Horkheimer como testigo), aportaría la suya para que los repetidos deslices extramatrimoniales del filósofo quedaran confinados a la esfera íntima, cual aventuras sin épica.

Esa aparente calma exterior, sin embargo, comenzó a resquebrajarse a fines de los 60, cuando el eminente intelectual y profesor –justamente a raíz de esa función– se vio confrontado por la agitación juvenil que recorriera América y Europa. Cuestionado por lo que su ya brillante discípulo Jürgen Habermas osara calificar de "fascismo de izquierda", Adorno se hallaba de pronto en el centro de la opinión pública, en un terreno ajeno y hostil: sin ambigüedades ni posiciones personales, ahora tenía que tomar partido ante los antagonismos dados, sin "mediaciones" (uno de sus conceptos favoritos). Y su álbum personal, hasta entonces tan discreto, súbitamente se pobló de imágenes llenas de contenido político: se lo ve en actos de protesta contra el gobierno y junto a otras personalidades (como Heinrich Böll), o bien asediado por estudiantes que lo repudian con gestos obscenos, e incluso rodeado de los policías a los que llamó para hacer desalojar el Instituto de Investigación Social, que a la sazón dirigía.

En el verano de 1969, con su seminario interrumpido por los estudiantes, y consagrado a la elaboración de la que estimaba una obra cumbre, la Teoría estética (que planeaba dedicar a su venerado Samuel Beckett), buscó algo de paz en una escapada vacacional a Suiza, el paraíso neutral. Y lo hizo junto a su mujer, que seguía a su lado pese a las infidelidades. El 6 de agosto, "perdido el lazo con su juventud y con toda la juventud", como lo describiera su amiga la poetisa Marie L. Kaschnitz, un infarto acabó con él. Aunque sus antecedentes cardíacos no eran los mejores y él mismo se había confesado "muy deteriorado" en una última carta a Herbert Marcuse (de cuya muerte, coincidentemente, acaban de cumplirse los treinta años), nada hacía prever que una excursión por las montañas acabaría en semejante fatalidad.

Una opinión médica imputó la falla cardíaca a las recientes crispaciones de público conocimiento; como siempre, nada se dijo del ámbito privado, aunque a nadie sorprendió que Gretel intentara suicidarse tiempo después, tras ordenar el legado de su marido, que para ella y su círculo íntimo seguía siendo el travieso "Teddy".

Por un momento, tras el funeral (en el que contra todas las predicciones no hubo disturbios), pareció que su muerte sería también el fin de sus ideas. La tajante ruptura con los estudiantes universitarios, la anhelada obra maestra que quedaba inconclusa, y la entronización de Marcuse, un "temperamento divergente" que ahora parecía eclipsarlo como filósofo de la época... muchos factores hacían suponer que su nombre podría desvanecerse como el de un académico más. Sin embargo, bastó con que sus colegas –con Horkheimer y Habermas a la cabeza– lo reivindicaran ante la sociedad, con que las protestas juveniles se diluyeran, y con que hasta Marcuse mismo le reconociera su deuda intelectual en su último libro, para que la vigencia del pensamiento adorniano empezara a hacerse evidente. Y de hecho, el impacto de su obra escrita ha sostenido desde entonces un notable in crescendo, aún en nuestro siglo. A tal punto, que en el prólogo a las Conferencias Adorno 2003, editadas por Suhrkamp (la editorial "oficial" de todos los integrantes de la Escuela de Frankfurt), el compilador lamenta la fácil apropiación nacional de la figura de Adorno que con motivo del centésimo aniversario se perpetró en Alemania, que a la sazón hizo de él "un súper-yo colectivo". Y más allá de la explotación por parte del mercado editorial, la repercusión de sus ideas se constata al interior de las disciplinas que lo vieron brillar: la filosofía, la sociología, y esa indefinida y punzante actividad que conocemos como "crítica cultural". Pues si en algo suscribió Adorno a la "Teoría crítica" de su amigo Horkheimer fue, precisamente, en la negación a pensar en forma abstracta, objetiva, y especializada; de ahí que sea tan feliz la definición de "intelectual filosofante" que Habermas le tributara, en un ensayo hoy recogido en sus Perfiles filosófico-políticos (libro, de hecho, dedicado a Adorno).

En efecto: el abordaje y el vocabulario de Adorno no han dejado de tener eco en otras teorías y otras obras, al menos desde que su esposa y su editor Rolf Tiedemann se apresuraron a publicar la inacaba Teoría estética. Pues junto a la Dialéctica de la Ilustración, publicado recién después de la guerra, el último gran texto adorniano pronto se volvió una referencia imprescindible en el pensamiento de Occidente. (En nuestro idioma, los avatares editoriales quisieron que sendas traducciones aparecieran con apenas un par de años de diferencia, allá por 1970; los avatares políticos, a su vez, determinaron que la recepción de las mismas recién se consumara con el retorno de la democracia.)

Hoy, con más perspectiva, puede afirmarse que este tratado de estética sui generis es una de las obras clave de la filosofía del siglo XX. De la filosofía, en general, y no sólo de la estética. Pues el gran tema del pensamiento filosófico del siglo pasado fue el lenguaje, y se requiere un alto refinamiento estético para enfocarlo con el radicalismo y la originalidad característicos de Adorno, que no por azar había fulminado justamente en esta área a su archienemigo Martin Heidegger (en cuya "jerga de la autenticidad" veía una tétrica continuidad del nazismo).

No hay duda de que Adorno introdujo cambios profundos en el trabajo con la cultura, tanto en lo escritural como en lo actitudinal. Términos tales como el remanido "industria cultural" o "negatividad" se han naturalizado en el glosario de las Humanidades, mientras que las pretendidas neutralidad y sistematicidad del trabajo en Ciencias Sociales han quedado más que contrariadas por su incisiva producción.

A cuatro décadas de su temprano deceso, sentimos una impotente curiosidad por saber qué habría dicho este singular pensador sobre los temas de hoy: el posmodernismo, la globalización, Internet, el terrorismo... Pues si bien es cierto que Adorno no pudo o no quiso aceptar algunos desarrollos culturales básicos (como los medios audiovisuales, sobre los que sólo dejó algunas páginas negativas), no es menos cierto que siempre se sintió llamado a dejar constancia de su lúcida y estimulante opinión, nunca desinformada.

Muchos de quienes le endilgan un elitismo retrógrado ignoran ciertas ocupaciones, preocupaciones y declaraciones suyas, como la que le formulara a Hans Magnus Enzensberger con motivo de su común interés por la radio: "Renunciar a los medios de masas [...] sería testarudo y un gesto de conservadurismo cultural". Y es que por la deliberada densidad de su estilo, con el que se resistía a ser leído ligeramente, él mismo fue quizás el mayor responsable de su imagen de "dinosaurio", impidiendo entrever la dimensión espontánea y sensual: humana. Su virtuosismo al piano (reconocido incluso por Schoenberg, quien confesara "no soportarlo"), su proyecto de llevar a la ópera el Tom Sawyer, sus amoríos, y su pasión por los animales (¡que hasta lo volvió un seguidor de la serie Daktari!), parecen datos de otra persona, siéndole tan propios como lo fueron. Paradójicamente, para no quitarle su capacidad única de provocación hoy quizás haya que tener presentes sus aspectos más ligeros.

Adorno Básico

Frankfurt, 1903 - Suiza, 1969
Filósofo, sociólogo y músico

Formado en Frankfurt como filósofo y en Viena, como músico. Tras la habilitación docente con una tesis sobre Kierkegaard, cursa estudios de posgrado en Oxford y se une a las investigaciones de P.Lazarsfeld, M.Horkheimer, y F.Hacker, ya en los EE.UU. Tras la guerra, regresa a su país como docente y miembro del Instituto de Investigación Social. En su extensa obra se destacan Dialéctica de la Ilustración (1947), co-escrito con Horkheimer, Dialéctica negativa (1966), y Teoría estética (1970).


Extríado de la edicion del 08/08 de la revista Ñ.


lunes, 10 de agosto de 2009

CHICAS DESAPARECIDAS

Los padres que están solos y esperan

En la provincia actualmente 30 mujeres faltan de su hogar. Entre el miedo y la desesperación, las familias suplican que se tome real dimensión del problema.

Los padres que están  solos y esperan

En la plaza Pueyrredón, hace dos semanas se llevó a cabo un acto para concientizar a la sociedad sobre un tema que genera más prejuicios que preocupación.

Foto: PABLO AGUIRRE

NATALIA PANDOLFO

npandolfo@ellitoral.com

Un día vieron asomar lágrimas en los ojos del juez. Se impresionaron: habían ido a sacar copias de fotos de chicas desaparecidas, y se las mostraron casi al pasar. Esa mirada, acostumbrada a pasearse entre historias de terror, se detuvo ante esas otras miradas, ausentes desde el papel. Y se quebró.

Silvina Sierra y Paula Heredia, de la asociación civil Las Diversas, conocen bien el manual que se repite en cada caso: un día pasa una camioneta, se les acerca, las tienta con una golosina, un trabajo, algo distinto de lo que les regala la miseria cada día. No tienen motivos para decir no. En otros casos, tampoco tienen forma: directamente las atrapan y se las llevan. Algunas veces van con fierros: les golpean las rodillas por detrás, y en el reflejo del quiebre, las suben al vehículo.

El segundo paso es huir. Santa Fe está caracterizada en el siniestro mapa como un punto de captura: Córdoba, Buenos Aires y el sur del país son los destinos que, en general, las esperan. Antes se las doblega: violaciones y droga suelen ser los métodos más usados.

“A la mamá de Cecilia Castro le dijeron que tenía que aguardar 48 horas para poder radicar la denuncia. En ningún lugar está escrito que eso tenga que ser así”, dice Silvina Sierra. Y se rebela, otra vez, contra el prejuicio social que murmura: “Se habrá ido con un noviecito, ya va a volver”. La subestimación del problema funciona: el reloj saca ventaja. Hoy, en la provincia, hay 30 chicas desaparecidas; la mayoría es de Santa Fe capital.

Desde la Defensoría del Pueblo, Liliana Loyola coincide con la gravedad del diagnóstico: “Hemos visto casos en los que, cuando se va a hacer la denuncia, la policía no la toma como pedido de paradero, sino como fuga de hogar. Por otra parte, si bien el delito de trata es federal, muy pocas veces los tribunales santafesinos derivan el tema a los juzgados federales”, sostiene.

Ante la desesperación, son los padres los que se calzan el traje de detectives. Y arriesgan todo con tal de encontrarlas.

EL NIDO VACÍO

Cecilia iba camino a la escuela cuando la secuestraron, en Av. Freyre y General López. A los pocos minutos estaba rumbo a Córdoba. Unos días después, la mamá recibía un llamado de su hija que le decía que no la buscara más, que estaba bien. “Es como suelen actuar los proxenetas: hacerlas llamar para que los padres abandonen la búsqueda”, explica Paula, como quien intenta traducir una lengua ajena.

La mamá actuó desde el instinto: siguió a la caza de cualquier dato que apareciera. Pasaron dos meses. Cecilia cayó en una casa quinta que funcionaba como prostíbulo, y tuvo la suerte de que alguien le prestara un celular que la pondría en contacto con su liberación. “Fue un milagro que la hayan encontrado, porque no hubo búsqueda oficial”, afirma Silvina Sierra.

“Nosotras no podemos ser detectives privados; las familias, tampoco. Más allá de que no corresponde, no tenemos la estructura necesaria para ir contra una mafia”, aclara, como si fuera necesario, Paula Heredia.

La policía tiene una unidad especializada en trata. Pero, según la defensora adjunta, no cuenta con los recursos necesarios. “Ha habido cambios de personal y se trasladó a gente que se había capacitado. Hoy no hay una tarea de inteligencia para perseguir a los delincuentes”, advierte.

Y SI ACASO NO BRILLARA EL SOL

Las miradas ausentes desde el papel están ahora clavadas en el barro. El sol se adueñó de la siesta del domingo y la plaza Pueyrredón explota de colores, menos en un rincón, que es blanco y negro. Allí están las grandes fotos, las sonrisas congeladas, interpelando a los que pasan.

“La situación en Santa Fe es muy grave. Hicimos varios reclamos al gobierno, tenemos diálogo permanente, pero consideramos que, para hacer, es necesario asumir que el problema existe”, dice Paula.

“En el centro de la ciudad hay hoteles; en el oeste, casitas donde se las hace trabajar. En cada barrio hay bandas operando, que se compran mujeres entre sí, y que mantienen contactos con otros distritos del país”, define Silvina.

Para Paula Heredia hay distintos niveles de responsabilidades: “Existe complicidad policial y judicial: la compra y venta de mujeres implica una red en la que intervienen varios agentes”, sostiene.

También pone en la balanza el papel de los medios, “que tienen un planteo de la mujer como objeto, con una desvalorización absoluta del cuerpo”. Por último, el desinterés de la comunidad: “A veces nos preguntan: “Esto, ¿está pasando acá?’. “Sí, está pasando acá, a la vuelta de la esquina’”, dice.

Hay otro aspecto: “A partir de que se encuentra a una chica, lo que habría que hacer es seguir el circuito: buscar a la persona que secuestró, a la que vendió, a la que explotó, a la que trasladó. En cambio, la cuestión se cierra, en el mejor de los casos, con la aparición de la joven”, afirma Loyola.

“Los distintos organismos minimizan el delito. Tanto en la Policía como en el Poder Judicial, está instalado el prejuicio de que, seguramente, la chica se fue porque quería. Yo creo que, ante una situación de desaparición, lo más apropiado sería ponerle el nombre de trata y abordarlo desde ese lugar. Después, si no es eso, tanto mejor”, opina.

Por último, en los casos en los que finalmente se rescata a la víctima, no existe un sistema de protección que las contenga. Esto es: las chicas vuelven a la misma casa, a convivir con idénticos peligros, a ser testigos de las camionetas paseando por la puerta. El diario Crítica denunció, esta semana, que la mamá de Cecilia Castro renunció a seguir con la causa. Disparos y amenazas frente a su casa la convencieron de que era conveniente callar.

/// EL DATO

Negro

Las Diversas nació hace dos años con aspiraciones varias: nunca pensaron que terminarían abocándose de lleno al tema de la trata. “Nos fuimos encontrando con un panorama cada vez más negro”, admiten sus integrantes. Actualmente, trabajan en conjunto con la Defensoría del Pueblo, y cuentan con profesionales que las asesoran desde distintas disciplinas. Su trabajo incluye acompañar a las familias y organizar actividades de concientización. El contacto es: www.lasdiversas.blogspot.com.

Los padres que están  solos y esperan

“Natalia era el eje de la familia: amorosa, alegre, siempre de buen humor”, definen los padres. Foto: NÉSTOR GALLEGOS

“No vamos a parar hasta encontrarla”

María Cristina se aferra a la foto de Natalia y no la abandona durante la hora de entrevista. A su lado, Ariel intenta ordenar algunas de las frases que su mujer dispara caóticamente.

Buscan a su hija desde hace dos meses, cuando testigos la vieron por última vez en la esquina de 25 de Mayo y Suipacha. Sabían, desde hacía algún tiempo, que Natalia Acosta trabajaba en la calle. Viven en uno de los pasajes de tierra del Centenario: desde el comedor sin revoque se ven los autos que pasan por la Mar Argentino. Entre la casa y la avenida, un basural empieza a tomar forma.

El 28 de mayo, Natalia acompañó a su mamá al médico y, luego, fue con su papá hasta Santo Tomé, donde la chica vivía con su pareja. Fue la última vez que tuvieron contacto con ella.

VOLVER A CASA

“Ella es mi reina”, dice la hermana, de 18 años. “Estábamos siempre conectadas, nos contábamos todo. Éramos una”, afirma Carmela, que también comparte con Natalia la opción de los piercings en el rostro. La familia se completa con ocho hijos más: algunos, compartidos; otros, no.

“Me la robaron”, asegura la madre, y se indigna con las hipótesis que minimizan su percepción. “Me dicen que quizá se haya querido ir, que a lo mejor se haya escapado con otro. Yo sé que eso es imposible”, afirma.

“Yo le pido al gobernador que se ponga una mano en el corazón y agilice la búsqueda de mi hija, así como la de tantas chicas desaparecidas. El gobierno tiene los instrumentos para hacerlo; nosotros, no. De todos modos, no vamos a parar hasta encontrarla”, sostiene el papá, mientras intenta reprimir la bronca con un cigarrillo.

En este tiempo María Cristina y Ariel organizaron marchas, hablaron con gente que solía verla en su puesto, siguieron pistas, buscaron datos, consiguieron un celular con cámara para reunir pruebas, deambularon por oficinas. Dos meses después, siguen esperando que en la puerta suene la melodía del “¡Hola, mamucha!” con la que la chica anunciaba su llegada a casa.

Dos casos, un espejo

A nivel nacional, los casos de María Fernanda Aguirre y Marita Verón se convirtieron en íconos del problema. Una lleva cinco años desaparecida; la otra, siete. Sus familias las siguen buscando.

MARÍA FERNANDA AGUIRRE

El 25 de julio de 2004 iba camino a su casa en San Benito, Entre Ríos, cuando la vieron por última vez. Tenía 13 años.

Hubo un sospechoso principal, que se llevó el secreto a la tumba: Miguel Ángel Lencina tenía una salida socio-familiar cuando ocurrió el hecho. Días después de ser detenido por el secuestro, apareció ahorcado en una seccional de Paraná.

La Justicia condenó a 17 años de prisión a la viuda de Lencina, Mirta Chávez, por considerarla coautora material del secuestro. Ella admitió durante el juicio haber hecho las llamadas a la familia para exigir un rescate, pero nada dijo acerca del destino de la chica. Cinco años después, el paradero de Fernanda sigue siendo un signo de interrogación.

MARITA VERÓN

Desapareció el 3 de abril de 2002 en San Miguel de Tucumán, cuando tenía 23 años. La lucha incansable de su mamá, Susana Trimarco, posibilitó la liberación de casi 200 jóvenes esclavizadas en redes de prostitución.

El año pasado, la telenovela “Vidas robadas”, inspirada en la historia de la chica, sirvió para concientizar sobre este tema. El Congreso Nacional sancionó la ley que penaliza el tráfico y trata de personas. Y Tucumán vio erigirse una Casa Hogar para víctimas de trata en la Argentina. Pero Marita sigue sin aparecer.

Son dos casos que reeditan el significado del término desaparición en la Argentina del siglo XXI. Como dijera un siniestro general: “El desaparecido es una incógnita. Si apareciera, tendría un tratamiento X. Y si la desaparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento, tendría un tratamiento Z. Pero, mientras sea desaparecido, no puede tener ningún tratamiento especial: no tiene entidad. No está, ni muerto ni vivo. Está desaparecido”.

Los padres que están  solos y esperan

Romina había radicado en junio dos denuncias por violencia: una, en la comisaría del barrio; la otra, en la Defensoría del Pueblo. Foto: MAURICIO GARÍN

“Convierten a la víctima en culpable”

Suena a viva voz Arjona en los oscuros pasillos de la torre 8 de El Pozo. Cuatro pisos después, abre la puerta Silvia Kovacevich. Saluda, llora, intenta acomodar el desorden, barre nerviosa las cucarachas del piso, vuelve a llorar.

El dos de julio fue el último día que vio a su hija, Romina Arcuri, de 29 años. Sabe que la chica sufría violencia y muestra las postales de lo que parece ser una historia infernal: muebles destrozados, cortinas arrancadas, vidrios rotos, manchas que supone de sangre.

Romina estaba en pareja y limpiaba en casas de familia. Es mamá de dos hijas, de 7 y 4 años. “Por ahí sugieren que se puede haber ido con algún novio. Yo creo que es imposible que haya dejado a las nenas por propia voluntad”, dice Silvia. La casa está ahora vacía: el papá y las criaturas se fueron de allí, y la abuela no tiene acceso a ellas. “Las veces que intenté verlas, la familia de él me las negó”, afirma Silvia.

Quiere hablarles para ver si pueden darle algún indicio de dónde está su hija. Romina había radicado en junio dos denuncias por violencia: una, en la comisaría del barrio; la otra, en la Defensoría del Pueblo.

LA ANGUSTIA DE NO SABER

Un mes de silencio hace despertar las más variadas hipótesis. La más leve: que efectivamente se haya ido con alguien, buscando un respiro a su calvario. La peor: “No descarto nada. Ella es muy inocente y estaba pasando un muy mal momento: es probable que alguien se la haya llevado y que estemos hablando de trata”, sostiene la madre.

“Yo no sé qué pasó con mi hija. No sé si está muerta y enterrada en algún lado: no lo sé. Pero voy a la comisaría a hacer la denuncia y me dicen que ella tiene antecedentes de haberse escapado. Es verdad: cuando era adolescente se fue de casa. Ahora, esto, ¿es motivo para que no se la busque? Es absurdo, convierten a la víctima en culpable”.

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2009/08/07/culturadiario/CULT-01.html